
Yo dormí con un zombie
"Yo dormí con un zombie" es un melodrama sobre amores imposibles, así como un retrato social muy preciso que retrata al gran dinero y la explotación de los que no tienen quién los defienda salvo una religión antigua y secreta.
Yo dormí con un zombie
Sáb. 14.11 | 18 h
Otra de las producciones “de terror” (las comillas son intencionales) de Val Lewton, narra las aventuras y desventuras de una mujer en la Haití del culto vudú. Pero mucho más que una película de miedo, Yo dormí... es un melodrama sobre amores imposibles, así como un retrato social muy preciso que retrata al gran dinero y la explotación de los que no tienen quién los defienda salvo una religión antigua y secreta. Es quizás la película más romántica de Tourneur (“romántica” en el sentido de emocionalmente desaforada y personal), y la manera como fluyen sus imágenes anticipan el mal llamado realismo mágico. Las secuencias del culto vudú son de una belleza onírica pocas veces lograda en el cine de Hollywood.
Entrada sin cargo para argentinos y residentes. Reservas en Entradas BA. Sujeto a capacidad de sala.
Sobre el ciclo
Sábados de superacción
Gran parte de lo que nuestra generación (más de 40, lo siento) conoce del cine, gran parte del amor que le tiene a ese arte, nació de mirar en continuado, en blanco y negro, en aparatos rebeldes a los que se le movía la imagen, cientos de films que tanto podían ser clase Z como obras maestras. Canal 13 o Canal 11 mezclaban series y largometrajes, casi siempre de género, durante horas cada sábado o domingo. El ciclo señero era Sábados de Súper Acción, en el 11, desde las doce del mediodía hasta casi la medianoche (el último fragmento se llamaba “Hollywood en castellano”). Desde monstruos tipo Godzilla o invasiones extraterrestres hasta cowboys valerosos y ejércitos intrépidos, pasando por casi todo cómico conocido o por conocer, formaron de modo caleidoscópico la fascinación por el audiovisual.
En aquellos ciclos, uno podía acceder a los grandes clásicos del cine de los treinta, cuarenta o cincuenta. Conocimos a John Ford, Howard Hawks o Alfred Hitchcock, sí, pero también a una cantidad gigantesca de artesanos y obras que hoy quedaron un poco invisibilizadas por no haberse vuelto ni canónicas ni despreciadas. Y son -algo que a muchos cinéfilos hoy les molesta- divertidas. Porque el placer fue siempre el vehículo para que nos pegáramos a la pantalla, de cualquier tamaño, color y comportamiento.
Así que todos los meses vamos a dedicarle un sábado a esas películas y también a capítulos de series o ese material de valor que ha caído en el olvido o la indiferencia. Seamos chicos de nuevo, agarremos los revólveres de plástico y el vaso de chocolatada, y vamos.
Leonardo M. D'Espósito, curador del ciclo.