
El maquinista de la General | Buster Keaton, genio
La guerra es una tragedia absurda. Keaton, a través de aventuras cómicas, decide quedarse con el absurdo.
El maquinista de la General
Domingo 16 de agosto, 18 h
La guerra es una tragedia absurda. Keaton, a través de aventuras cómicas, decide quedarse con el absurdo. El chofer de una locomotora, más enamorado del artefacto que de quien debería ser su novia, sufre el secuestro de la máquina y va en su busca y en la de su enamorada, mientras a su alrededor se desencadena la Guerra de Secesión. Además de los grandísimos momentos cómicos y de las extraordinarias invenciones cinematográficas, hay aventuras frenéticas, siempre resueltas a puro gag. Pero, sobre todo, hay un comentario ácido sobre la violencia y su improbable fin, sobre la rigidez de las etiquetas y las posiciones sociales, y sobre el cine mismo.
Entrada sin cargo para argentinos y residentes. Reservas en Entradas BA. Sujeto a capacidad de sala.
Sobre el ciclo
Buster Keaton, genio
Sábados y domingos de agosto | 18 h | Cine
Aunque en 1968 el crítico estadounidense Andrew Sarris —creador de lo que solíamos llamar la “teoría del autor” en el cine— lo incluyó en el panteón de realizadores que definen el cine, todavía hoy es difícil que forme parte de las conversaciones cinematográficas. Pero no importa: Buster Keaton fue el más moderno y sigue siendo el más actual de los creadores del período mudo. Inventó algo que escasea: el héroe cómico, aquel que, haciendo reír y sobreponiéndose a toneladas de absurdo, logra vencer y establecer un pedacito de orden en un universo siempre caótico y siempre adverso. Hay muy pocos héroes cómicos: Bugs Bunny y Jackie Chan, por ejemplo, y el padre de ambos es Buster.
Aquí presentamos cuatro películas centenarias, o casi. Y, sin embargo, salvo quizá por el escenario —esas ciudades con más tierra que asfalto o los modelos de los autos—, parecen hechas ayer, o parecen filmadas mañana. Keaton es cada uno de nosotros cuando nos enfrentamos a una calle cortada, un impuesto mal cobrado, una guardia repleta o un comercio cerrado. Pero, a diferencia de nosotros, que solemos sumirnos en la desesperación, Buster se levanta y convierte cualquier objeto en otra cosa que sirva a su causa. Nos reivindica siempre y, con ese rostro desconcertado, reconfigura objetos y espacios para superar cualquier obstáculo. Que además nos haga reír al mismo tiempo es parte de la hazaña.