
Chuck Jones | ¡Cartoon!
Entre los aportes más grandes de los Estados Unidos a la cultura popular del planeta durante el siglo XX debemos incluir el cartoon, el dibujo animado industrial sonoro.
Chuck Jones
Sábado 18 de julio y domingo 2 de agosto | 18 h
Cuenta la leyenda que un día Chuck Jones intentó hacer un estante para una pared. Rompió la pared, el estante, las herramientas y terminó con un dedo hinchado. El Coyote nació del reconocimiento de esa torpeza: es un personaje alienado (como todo en Jones) que cree que es capaz de todo, pero no tiene nunca en cuenta su propia incapacidad, acuciado por un optimismo histérico (como otra de las grandes creaciones de Jones, el zorrino Pépé Le Pew). La serie de cortos comenzó con Fast and Furry-ous, de 1948, e iba a ser sólo una parodia de los documentales de la Naturaleza y de la infinidad de copias de Tom y Jerry que existían entonces, donde un animal absurdo perseguía a otro aún más absurdo. Jones y su guionista Michael Maltese pensaron en cuáles serían los dos animales que podían cerrar ese tipo de cortos y así nació Wile E. Coyote, cuya mala suerte es ya metafísica. Los cortos se concibieron bien modernos: sin historia definida sino con una sucesión de gags dispuestos alrededor de ciertos leit-motivs, como si fueran canciones más que películas. El resultado sigue siendo monumental. Van todos (todos) los cortos que Jones dirigió del personaje para el cine.
Entrada sin cargo para argentinos y residentes. Sujeto a capacidad de sala.
Sobre el ciclo
¡Cartoon!
Sábados y domingos de julio | 18 h | Cine
Entre los aportes más grandes de los Estados Unidos a la cultura popular del planeta durante el siglo XX debemos incluir el cartoon, el dibujo animado industrial sonoro que tuvo su auge real en salas cinematográficas entre 1928 (con el primer corto animado sonoro, Steamboat Willie) y 1963 (cuando The Pink Phink, de la Pantera Rosa, cerró la exhibición obligatoria de estas películas en los cines). Varias precisiones son necesarias: la primera, que más allá de lo que puede pensarse, nunca se hicieron pensando en los niños, sino como un comentario cómico y absurdo sobre la realidad. Que en su mayoría los protagonistas fueran animales tiene como explicación la dimensión satírica (jamás alegórica) y que gatos, ratones, conejos, patos y coyotes permitían, al hablar y ponerse guantes, al deformarse contra las reglas de la física, al estrellarse y resucitar dos fotogramas después, triturar lo ridículo de nuestros comportamientos. Hay que redescubrir este cine, y como hace mucho, demasiado que no se ve en pantalla grande y como corresponde, aquí vamos para que los papás recuerden y los chicos descubran.